Niveles y tipos de riesgo en una inversión | Comprando América
Por Equipo Comprando América · 2026-04-10
Tener claridad sobre cómo medir el riesgo de inversión es fundamental en el análisis y la consolidación de proyectos de crecimiento patrimonial.
Tener claridad sobre cómo medir el riesgo de inversión es fundamental. Esto es, el riesgo que asume cualquier inversionista de que la rentabilidad de su inversión sea distinta a la esperada, o que incluso sufra una pérdida.
Un buen inversionista tiene clara su posición ante el riesgo y no solo en cómo medirlo. Con base en esta postura de riesgo del inversionista es que se estructuran los perfiles de riesgo y de portafolios (agresivos, moderados, conservadores, etc.) que recomiendan los asesores de inversión.
La idea principal detrás de medir y gestionar el riesgo de un portafolio de inversiones, y a la que recurren la mayoría de los modelos y libros de economía, radica en que cuanto más riesgo asuma un inversionista en su portafolio, mayor es el rendimiento que este debe esperar.
Desde un punto de vista académico, esta correlación tiene mucho sentido y por eso todos los asesores y planeadores financieros la aplican. Sin embargo, en la vida real, lo que le importa al inversionista no son estos complejos cálculos matemáticos del riesgo y del portafolio. Lo que le importa es cómo funciona la relación entre el riesgo que va a asumir y el rendimiento que espera obtener.
La forma más sencilla de estructurar el nivel de riesgo y la expectativa de retorno es comprender que en las inversiones existen únicamente dos opciones: apostar a la ganancia o asegurar el capital.
Apostar a la ganancia implica el riesgo y la expectativa de obtener un gran rendimiento en la inversión. Lo opuesto, e igualmente válido, es asegurar el capital y conformarse con un modesto, pero más seguro y constante, nivel de rendimiento. Generalmente, estas opciones se reflejan claramente en las inversiones pasivas.
Por ejemplo, apostar a la ganancia y asumir un mayor nivel de riesgo suele realizarse invirtiendo en instrumentos como acciones o startups, donde el riesgo asumido ofrece la expectativa, si las cosas salen bien, de multiplicar significativamente el capital.
Por otro lado, para la opción de asegurar el capital se busca un modesto nivel de ganancias e invertir en instrumentos como bonos, pagarés o cuentas de ahorro a la vista. En estos casos, la expectativa es simplemente mantener constante el capital o generar un pequeño crecimiento por encima del nivel de la inflación, sin aspirar a multiplicar el capital, pero con la tranquilidad de que es casi seguro que no se perderá dicho dinero.
¿Qué opción debe elegir un inversionista? Si analizamos el comportamiento de los mercados desde el punto de vista del riesgo de inversión en una línea de tiempo amplia, podemos observar que a mayor riesgo (volatilidad) de los instrumentos, mayor es el potencial de un incremento constante en su valor.
El S&P 500, un índice bursátil representativo, ha demostrado un crecimiento sustancial con un promedio histórico de ganancias de alrededor del 8% al año, superando a instrumentos más estables y seguros, como los bonos.
Esto sugiere que una estrategia prudente a largo plazo podría implicar la aceptación de una mayor volatilidad para aprovechar el potencial de mayores rendimientos. El concepto principal es que cualquier mercado tiene volatilidad y periodos de altas y bajas rentabilidades. Lo importante es lograr consistencia y mantenerse por largos periodos para que la inversión logre el resultado deseado.
Por lo general, un error fundamental al invertir no radica en la selección de activos por parte de los inversionistas, sino en su mala gestión de la inteligencia emocional que los acompaña. Esto provoca que compren activos cuando se sienten eufóricos, a menudo cuando los precios están altos, y que vendan esos activos cuando la rentabilidad es baja debido al temor a perder dinero.
Existen diversas filosofías y estrategias a la hora de medir el nivel de riesgo de una inversión. Considero que la siguiente es una de las más adecuadas:
Niveles y tipos de riesgo
Bajo: Son las inversiones que otorgan los rendimientos de forma rápida (a corto plazo), donde no se debe perder dinero. Aquí la paciencia requerida es poca, al igual que los riesgos y la rentabilidad esperada. Por ejemplo, en los cetes, de este dinero se dispone fácilmente y se invierte sabiendo lo que pasará (la rentabilidad esperada es segura) sin especular con el capital.
Medio: Son inversiones en las cuales se aspira a mayores niveles de retornos a cambio de tener la paciencia de mantener los activos a mediano y largo plazo, por lo general entre 3 y 5 años. Se asume un menor nivel de liquidez a cambio de dicho retorno, por ejemplo, invirtiendo en un departamento en preventa con un esquema de rentas donde cada mes el activo pierde y gana un poco de valor en el precio del mercado y se desconoce su rentabilidad a futuro. Este nivel representa una gran alternativa de equilibrio entre no apostar a la ganancia ni estar en la simple preservación del capital.
Alto: Son inversiones que otorgan el más alto nivel de rendimiento sobre el capital; sin embargo, no son para cualquiera, ya que demandan gran tolerancia al riesgo y, sobre todo, disciplina a largo plazo. Aquí se asume que un alto porcentaje de esta inversión (o toda) se puede perder, ya sea por una quiebra si se invirtió en una empresa, o porque las empresas en las que se depositaron los recursos cotizan en bolsa y sus precios sufren fuertes oscilaciones, como suele suceder. Invertir en este tipo de activos, como pueden ser acciones o una participación directa en la empresa del cuñado, ofrece grandes rendimientos a costa de asumir altos niveles de volatilidad, pero la liquidez de este nivel dependerá de las condiciones de compra, venta u oferta iniciales, y no siempre se recuperará el capital invertido en los plazos previstos, ya que un mal momento en el mercado podría implicar grandes pérdidas si se retira el capital prematuramente.
Sin importar la postura de inversión que elijamos en cuanto al nivel de riesgo, la filosofía general debe ser tener paciencia; las inversiones demandan tiempo. La impaciencia es la enemiga principal de las inversiones rentables y a largo plazo. Las buenas inversiones necesitan tiempo.
Diego Alcalá