El problema no es que la gente le tenga miedo al riesgo. El problema es que no
entiende qué es el riesgo. Pasamos la vida huyendo de algo que ni siquiera
sabemos definir con precisión. Y cuando no entiendes algo, lo exageras… o lo
ignoras. Cuando la mayoría habla de riesgo en inversiones, piensa en volatilidad.
En ver números rojos. En abrir el estado de cuenta y sentir un nudo en el estómago.
Pero eso es apenas la superficie.
El verdadero riesgo no es lo que sabes que puede pasar. Eso es incertidumbre
calculable. El riesgo de verdad es lo que no ves venir. Los “unknown unknowns”.
Los eventos que no están en tu modelo porque nunca pensaste que eran posibles.
Nassim Taleb (autor que empezare a mencionar más) construyó toda una obra
alrededor de esta idea, los cisnes negros. Eventos improbables, impredecibles y
con impacto. Y si algo nos ha enseñado la historia reciente es que los eventos que
definen resultados no suelen estar en el Excel.
En 2008, miles de inversionistas sofisticados, con modelos complejísimos y
doctorados en matemáticas, perdieron fortunas. No porque no supieran calcular
volatilidad, sino porque estaban mirando el riesgo equivocado. En 2020,
prácticamente ningún portafolio estaba preparado para un cierre económico global.
No porque fueran tontos, sino porque nadie modela lo impensable.
Nos obsesionamos con movimientos diarios del 2–3% que casi no afectan el largo
plazo, mientras ignoramos riesgos estructurales que pueden borrar décadas de
acumulación. Una de las frases que más escucho es: “quiero algo seguro”. Lo que
normalmente significa es “quiero crecer sin incomodarme”. Quiero rendimiento sin
volatilidad. Quiero ganar sin la posibilidad real de perder.
Eso no existe. No existe en acciones. No existe en bonos. No existe en bienes
raíces. No existe ni siquiera en el efectivo.
Los bonos gubernamentales tienen riesgo de inflación, de tasa, político, cambiario.
El famoso “activo libre de riesgo” puede ser devastador en términos reales si la
inflación se acelera. Y el efectivo —ese refugio emocional— tiene uno de los riesgos
más silenciosos y crueles, la pérdida constante de poder adquisitivo.
El riesgo no es que el precio se mueva, el riesgo es perder dinero de forma
permanente. Y mucha gente pierde dinero “segura” y lentamente, creyendo que
está protegida. El riesgo no es un error del sistema, es el costo de participar.
Si no estás dispuesto a tolerarlo, no estás invirtiendo, estás preservando
nominalmente algo que se va degradando con el tiempo.
La diferencia entre quien construye patrimonio y quien se queda viendo no está en
quién evita el riesgo, sino en quién aprende a convivir con él. He visto dos perfiles
fracasar una y otra vez. El que le tiene tanto miedo al riesgo que nunca actúa y el
que se siente tan cómodo con el riesgo que lo toma sin entenderlo.
Ambos pierden. Uno por inmovilidad. El otro por arrogancia. Un inversionista
razonable no ignora el riesgo ni lo romantiza. Lo estudia. Lo mide donde se puede.
Y donde no se puede medir, construye margen de error. Frank Knight hacía una
distinción que me gusta mencionar: “El riesgo se puede gestionar; la incertidumbre
se sobrevive. Y sobrevivir requiere robustez, no predicción.”
Cada decisión financiera es un trueque. No hay rendimientos gratis. Cuando
inviertes en acciones, aceptas volatilidad a corto plazo a cambio de crecimiento a
largo plazo. Cuando compras bienes raíces, aceptas iliquidez a cambio de flujos y
protección contra inflación. Cuando eliges activos más estables, sacrificas retorno
potencial a cambio de tranquilidad.
El problema no es aceptar el intercambio. El problema es no saber qué estás
entregando ni qué estás recibiendo. La mayoría no toma riesgos informados,
toma riesgos seducidos. Persigue retornos extraordinarios sin entender de dónde
vienen. Eso no es inversión. Es fe.
Cambiar resultados implica cambiar la forma de pensar el riesgo. No solo como
“¿puede bajar?”, sino hacer preguntas como: ¿Cuál es el riesgo de no invertir?,
¿Cuál es el riesgo de estar concentrado?, ¿Cuál es el riesgo de depender de una
sola moneda?, ¿Cuál es el riesgo de no tener liquidez cuando todos la necesitan?
Los riesgos visibles se gestionan con análisis y diversificación. Los invisibles
se enfrentan con estructura, liquidez y humildad. He visto (más veces de las que
me gustaría) portafolios “perfectamente optimizados” colapsar porque eran frágiles.
Estaban diseñados para un mundo ordenado, no para el mundo real.
Howard Marks dice que no puedes predecir, pero sí puedes prepararte. Y prepararte
casi siempre significa renunciar a un poco de rendimiento en los buenos
tiempos para no desaparecer en los malos.
El riesgo no es opcional. La pregunta nunca fue si vale la pena o no. La pregunta
real antes de tomar una decisión debe ser… ¿entiendes el riesgo que estás
tomando… o solo esperas que salga bien?
Porque evitar el riesgo no te protege. Solo lo cambia de forma. Y muchas veces, el
riesgo que más daño hace es el que parece cómodo, estable y “seguro”. Invertir
bien no se trata de ser valiente ni conservador. Se trata de ser consciente.
Y tú, ¿Estás dispuesto a aceptar riesgos que entiende, o prefieres evitar los
visibles mientras los invisibles trabajan en tu contra?
Diego Alcalá