La deuda es de esos temas que convierten una conversación tranquila en debate
religioso. De un lado están los predicadores del “cero deudas” como si cualquier
crédito fuera pecado. Del otro, los fans del apalancamiento agresivo que hablan de
deuda como si fuera esteroide sin efectos secundarios. Los dos extremos son más
cómodos que verdaderos.
La verdad es que no existe una respuesta universal. Hay deudas que te
construyen patrimonio y deudas que te lo arrancan. El mismo instrumento puede ser
una palanca o una soga. Lo que cambia todo no es la palabra “deuda”, sino tres
cosas: qué estás financiando, con qué condiciones y qué tan bien planeaste el
peor escenario.
Hace poco un empresario platicaba, con orgullo, que había tomado un crédito
grande para expandirse porque “las ventas vienen fuertes”. Le pregunté algo básico,
“¿y si no vienen?”. Me vio raro y soltó una frase que resume el desastre financiero
de muchísima gente “¿para qué planear el fracaso?”
Ahí está el punto (y el problema), planear escenarios adversos no es pesimismo, es
realismo. La vida financiera no se rompe porque un plan salga mal, se rompe
cuando tu plan solo existe en su versión optimista.
La mayoría se endeuda sin hacerse las preguntas que realmente importan.
¿Qué pasa si pierdo el trabajo?, ¿Qué pasa si mis ingresos bajan 30%?, ¿Qué pasa
si suben las tasas?, ¿Qué pasa si el activo que compré baja de valor o se tarda en
venderse?
No son preguntas dramáticas, son preguntas necesarias.
Benjamin Franklin decía que un pequeño agujero hunde un barco y yo agregaría
algo más moderno, los barcos hoy no se hunden por gastos pequeños, se
hunden por deudas grandes firmadas con ilusiones grandes.
Aquí viene la parte que a muchos les suena “peligrosa” aunque sea lógica. En
entornos inflacionarios, la deuda bien usada puede volverse una aliada. Si la
inflación real supera el costo del crédito, tu tasa real puede ser negativa. En
lenguaje más simple: pagas con dinero que vale menos con el tiempo.
Pero ojo, esa frase se malinterpreta fácil. No significa “endeúdate porque conviene”.
Significa que si ya vas a endeudarte, por lo menos entiende la tasa real y
entiende el activo. Porque el error típico es que la gente se asusta del número
nominal (10%, 12%) y se siente segura dejando dinero estacionado, mientras la
inflación se lo va comiendo diario.
Muchos no le temen a la deuda, le temen a sentirse atrapados. Y ese miedo es
válido. Lo que no es válido es resolverlo con dogmas. La distinción que de verdad
importa no es “deuda sí o deuda no”. Es, ¿deuda para Capex o deuda para Opex?
(gasto de capital vs gasto corriente).
Si te endeudas para un activo que puede generar flujo o apreciarse (un inmueble
que se renta, equipo para producir, capital de trabajo con lógica clara), estás usando
deuda como herramienta. Si te endeudas para cubrir tu vida diaria, viajes, estilo de
vida o gastos que no dejan nada detrás, estás usando deuda como anestesia. Y no
lo digo moralmente, lo digo financieramente. En el primer caso hay algo que
respalda la deuda. En el segundo, solo queda el saldo.
También hay una trampa peligrosa, no toda deuda “para activo” es
automáticamente buena. He visto gente endeudarse para comprar propiedades
en zonas sin demanda real o para invertir en negocios que no entiende “porque
suena bien”. La deuda es amplificador. Amplifica aciertos… y amplifica errores.
Yo no promuevo el endeudamiento irresponsable. Promuevo dejar de pensar en
deuda como religión y empezar a verla como ingeniería… herramienta, riesgo,
estructura, escenarios. Ray Dalio dice que “el gran problema es que las personas
acumulan deuda cuando todo va bien y quedan vulnerables cuando todo va mal.”
La deuda debe tomarse pensando en los malos tiempos, no en los buenos.
Si solo puedes pagar tu deuda “si todo sale bien”, entonces no es una estrategia,
es una apuesta. Antes de tomar una deuda, yo necesito poder responder:
¿Qué estoy financiando? ¿Activo productivo o consumo?, ¿Cuál es mi plan en
tres escenarios: optimista, realista y pesimista?, ¿Qué pasa si mis ingresos caen
fuerte? ¿Sigo vivo o me revienta?, ¿Cuál es la tasa real después de inflación y
costos?, ¿Entiendo el contrato de verdad? comisiones, tasa variable, riesgos. ¿Mi
disciplina es consistente? La deuda castiga la improvisación.
Sí, creo que nos endeudamos de más… pero no porque la deuda sea mala. Nos
endeudamos de más porque planeamos de menos. Porque firmamos con
euforia, no con escenarios. Porque compramos la paz inmediata del “sí se puede” y
subestimamos la realidad de que lo inesperado pasa.
La deuda es probablemente la herramienta más poderosa para construir
patrimonio… y también la más peligrosa. Lo que define el resultado no es la
deuda, eres tú, tu estructura, tu margen de error y tu capacidad de resistir cuando
el mundo se pone feo (y ten por seguro que esto va a pasar en algún momento).